El temido colesterol

14 12 2009

Cada día a más personas se les diagnostica de colesterol elevado, o de hiperlipemia.   Así se denominan las enfermedades que se caracterizan por un aumento de los lípidos (o grasas) en la sangre, principalmente  colesterol  y triglicéridos.
La importancia de las hiperlipemias es que suponen uno de los más importantes  factores de riesgo (junto al tabaco y a la hipertensión) para un aumento de las enfermedades y de la mortalidad  de causa cardiovascular, principalmente,  el infarto agudo de miocardio y la insuficiencia cardíaca, y afectación cerebral por accidentes cerebrovasculares o trombosis cerebrales. Globalmente, las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte en los países industrializados.  De ellas se dice que son “el asesino numero 1”.

El colesterol bueno y maloLos lípidos, cuando circulan en exceso en la sangre, tienden a depositarse en la pared de las arterias, formándose la  llamada “placa de ateroma”.  Esta placa va creciendo progresivamente según se  va depositando cada vez más colesterol;  y posteriormente se oxida. Este proceso se denomina ateroesclerosis.  De esta forma, se va estrechando progresivamente la luz de la arteria, ( de forma similar a la obstrucción de una tubería por un deposito de calcio) hasta que se ocluye por completo, e impide el paso de la sangre.  Si la arteria afectada es una arteria coronaria, que irriga el músculo cardíaco, entonces  no llega sangre a éste y se produce un infarto agudo de miocardio. Si la arteria afectada es una arteria del cerebro, se produce una trombosis cerebral, con la sintomatología neurológica consiguiente dependiendo de la región del cerebro afectada (parálisis de los miembros, problemas para hablar, déficit de vision, coma…). Si la arteria afectada es una arteria que irriga el miembro inferior, se produce una isquemia o falta de riego del pie, con necrosis del mismo, que en ocasiones finaliza en una amputación.
El colesterol en sangre hay de 2 tipos diferentes: el colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (LDL-colesterol, debido a las siglas en inglés) que es el que favorece la aterosclerosis cuando está elevado, y el colesterol unido a las lipoproteínas de alta densidad,  que se opone a este proceso (HDL-colesterol o colesterol “bueno”).
Algunas hiperlipemias son de causa genética; es la hipercolesterolemia familar, que cursa con cifras de colesterol habitualmente  superiores a 300 mg/dl , y que precisan de tratamiento farmacológico; la causa es un déficit del receptor de colesterol-LDL, pero otras son de causa nutricional, debidas a una alimentación errónea.
En el nivel de colesterol plasmático influyen, tanto el colesterol consumido directamente en la dieta, como el colesterol que sintetiza nuestro propio organismo a partir de las grasas saturadas que ingerimos.  La grasa saturada es principalmente la grasa de origen animal, pero hay también ciertos aceites vegetales (de palma o palmítico, esteárico, de coco…) que tienen también un efecto nocivo sobre el colesterol a pesar de su origen vegetal; es decir, su efecto es igual al de la grasa saturada. Como ya se mencionó previamente, el colesterol depositado en la placa de ateroma,  también ha de oxidarse; pero existen sustancias antioxidantes en la dieta que se oponen a esta oxidación. De todos los antioxidantes, uno de los más eficaces para inhibir esta oxidación, es la vitamina E, que se encuentra principalmente en el aceite de oliva.

En caso de colesterol elevado, ¿qué debo comer?.  Se  recomienda un consumo elevado de alimentos ricos en fibra (frutas, verduras, legumbres…) que logra una pequeña disminución del colesterol de alrededor de un 5-10% . Ademas hay que disminuir la ingesta excesiva de grasa saturada y de colesterol.  Tras la instauración de la dieta hipolipemiante es importante repetir los análisis de colesterol en unos 3 meses para valorar la respuesta a la dieta. Si la respuesta no es adecuada, habría que añadir fármacos (llamados estatinas) que actúan inhibiendo un enzima que interviene en la síntesis endógena de colesterol y, por lo tanto, se bloquea esta síntesis. Si con estos fármacos no es suficiente, tambien se puede bloquear la absorción intestinal del colesterol con ezetimiba. Cualquier farmaco puede tener  efectos secundarios. Por ello, siempre deben de estar recetados por un médico y seguir los controles médicos habituales. Y además, nos recuerda la importancia de seguir correctamente el tratamiento dietético, que es eficaz en un alto porcentaje de las personas que padecen una hiperlipemia, evitando, en algunos casos, la necesidad de recurrir a los fármacos.

Recomendaciones para realizar una dieta baja en colesterol:
–  Si se asocia obesidad (hecho nada infrecuente), disminuir el valor calórico total de la dieta. Es frecuente que según el paciente adelgaza, mejore el perfil lipídico
– Seguir las directrices de la dieta mediterránea:

  • Utilizar aceite de oliva
  • Prohibidos mantequilla, margarina (aunque sea de origen vegetal), nata.
  • Aumentar el consumo de carbohidratos de absorción lenta (legumbres, pastas …)
  • Aumentar el consumo de frutas, verduras y alimentos ricos en fibra
  • Restringir los productos de bollería y pastelería si desconocemos con qué aceite han sido confeccionados
  • Evitar en lo posible el exceso de grasas animales o vegetales aterogénicas (de  palma, de coco…)
  • Comer preferentemente pescado como fuente de proteínas.
  • Comer carnes magras (quitando la grasa visible) o de aves (quitando la piel), con frecuencia no superior a 2-4 veces como máximo por semana
  • Restringir el consumo de la yema del huevo (no más de 3-4/semana). Se pueden tomar claras de huevos que aportan proteínas de alta calidad
  • Tomar los lácteos desnatados. Evitar consumo de quesos grasos.
  • Moderar el consumo de alcohol. Evitarlo totalmente se existe elevación de los triglicéridos
  • Realizar ejercicio físico (aumenta el colesterol HDL “bueno”)
  • Abandono del tabaco (con el fín de no sumar factores de riesgo)

Especialista en Endocrinología y Nutrición
Dra.  Pilar Riobó
Fundación Jiménez Díaz. Madrid

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El azúcar en sangre alto

9 12 2009

Con el aumento de la longevidad  cada vez  hay más casos de personas que tienen el azúcar en sangre alto. El límite para considerarlo normal o patológico está establecido en 126 mg/dl, en ayunas. A partir de esta cifra, que debería confirmarse en 2 ocasiones, se considera que esa persona padece diabetes.  La diabetes  se ha convertido en una de las enfermedades crónicas más frecuentes que está  alcanzando proporciones epidémicas.  Ello va unido al aumento de la esperanza de vida, a la actual epidemia de obesidad, y  a los cambios del estilo de vida que se han producido en los últimos años, especialmente la abundancia de alimentos, la dieta excesivamente rica en calorías y el sedentarismo.
Se estima que la diabetes afecta a alrededor del 7% de la población aunque es posible que haya otro 5-7%  de casos sin diagnosticar, lo que se llama “diabetes oculta”.  Según datos de la Organización mundial de la Salud,  los casos de diabetes superaran los 300 millones en el año 2025. La incidencia de esta enfermedad aumenta con la edad y también con el grado de obesidad. Aproximadamente el 80% de los pacientes con diabetes de tipo 2 son obesos.
El problema es que la diabetes, definida como unas cifras de glucosa en sangre elevadas por encima de lo considerado normal, no duele y  a menudo no da ningún tipo de síntomas. Sin embargo, esas cifras elevadas de glucosa en sangre son tóxicas para las arterias, que se pueden obstruir por coágulos, y a demás para el riñón y para los ojos. Y si no se bajan esos niveles de glucemia, pueden aparecer complicaciones.  Actualmente, la diabetes es la primera causa de insuficiencia renal terminal (y por lo tanto de diálisis), y  de ceguera en los países occidentales. También es la segunda causa de  amputaciones de los miembros, por detrás de los traumatismos y los accidentes.  A veces, el primer síntoma de diabetes es una úlcera en los pies que no acaba de cerrarse. Asimismo, los pacientes con diabetes tienen también un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares,  como los  infartos de corazón o alteraciones vasculares cerebrales debido a la lesión de las arterias por la toxicidad de la glucosa.
La “casi normalización” de las cifras de glucosa en sangre, con dieta, fármacos o con insulina, logra prevenir muchas de estas complicaciones. A menudo se logra bajar el azúcar en sangre simplemente con la perdida de peso.

Dra. Pilar Riobó
Jefe Asociado de Endocrinología y Nutrición
Fundación Jiménez Díaz. Madrid





La arteriosclerosis

24 11 2009

Como arteriosclerosis se denomina cuando se produce engrosamiento y pérdida de elasticidad de la pared arterial. Si además  se produce un acumulo de materia grasa debajo del revestimiento interno de la pared arterial hablamos de aterosclerosis.
La aterosclerosis puede afectar a todas las arterias del organismo, pero las mas importantes son las arterias del cerebro, el corazón, los riñones, y los brazos y las piernas. Cuando la aterosclerosis se desarrolla en las arterias que alimentan el cerebro (arterias carótidas), se puede producir una falta de riego al cerebro, denominado  ictus; cuando se desarrolla en las arterias que alimentan el corazón (arterias coronarias), se puede producir un infarto de miocardio; cuando se desarrolla en la arterias de las piernas se puede producir la falta de riesgo y consiguiente necrosis de esa extremidad.
En la mayoría de los países occidentales, la aterosclerosis es la enfermedad más frecuente y la causa principal de muerte,  el asesino numero 1.  Supone  el doble de las muertes por cáncer y 10 veces más que por accidentes. A pesar de los significativos avances médicos, la enfermedad de las arterias coronarias (que es producida por la aterosclerosis y causa los infartos) y el ictus aterosclerótico son responsables de más fallecimientos que todas las demás causas juntas.
La aterosclerosis se inicia con el paso de los años, con acumulo de glóbulos blancos (monocitos) en el interior de la pared de la arteria y  acumulan el colesterol que se encuentra en exceso en el torrente sanguíneo. Con el tiempo, estos monocitos cargados de grasa  producen engrosamientos irregularmente repartidos por el revestimiento interno de la arteria. Cada zona de engrosamiento  se denomina  placa aterosclerótica o ateroma, y esta formada por colesterol, y células.
Las arterias afectadas por la aterosclerosis pierden su elasticidad y, a medida que los ateromas crecen, se hacen más estrechas. Además, con el tiempo los ateromas se fibrosan y calcifican y  pueden romperse. Un ateroma roto también puede derramar su contenido graso y desencadenar la formación de un coágulo sanguíneo (trombo). El coágulo estrecha aún más la arteria e incluso puede ocluirla o bien se desprende y pasa a la sangre hasta llegar a una arteria más pequeña, donde causará una oclusión (embolia).
Por lo general, la aterosclerosis no produce síntomas hasta que no estrecha gravemente la arteria o causa una obstrucción súbita. Los síntomas dependen del lugar donde se desarrolla la aterosclerosis: el corazón, el cerebro, las piernas o casi en cualquier parte del organismo. El primer síntoma del estrechamiento de una arteria puede ser un dolor en los momentos en que el flujo de sangre es insuficiente para satisfacer las necesidades de oxígeno. Por ejemplo, durante el ejercicio, una persona puede sentir dolor de pecho (angina), debido a la falta de oxígeno en el corazón; o mientras camina, pueden aparecer calambres en las piernas (claudicación intermitente), debido a la falta de oxígeno en las extremidades. Sin embargo, cuando se produce una obstrucción súbita, los síntomas aparecen inmediatamente (por ejemplo, cuando un coágulo sanguíneo se enclava en una arteria).
Los  factores de riesgo  para desarrollar aterosclerosis  son la hipertensión arterial, el colesterol elevado, el tabaco, la diabetes, la obesidad, la falta de ejercicio y la edad.  El tabaco es un tóxico directo para las arterias. Tambien algunos casos tienen causa hereditaria.
El mejor tratamiento para la aterosclerosis es la prevención Para prevenir la aterosclerosis, se deben eliminar los factores de riesgo controlables, como los valores elevados de colesterol en la sangre, la presión arterial alta, el consumo de tabaco, la obesidad y la falta de ejercicio. Así, dependiendo de los factores de riesgo específicos de cada persona, la prevención consistirá en disminuir los valores del colesterol, disminuir la presión arterial, dejar de fumar, perder peso y hacer ejercicio.

Dra. Pilar Riobó





Comida Rápida

21 11 2009

La comida rápida se ha ligado al mayor desarrollo de obesidad, pero los mecanismos por los que se producen no están bien analizados. En esta revisión se hace un repaso al concepto de densidad de energía de los alimentos como el principal responsable de la ingesta energética de los sujetos.
La comida rápida se ha ligado al mayor desarrollo de obesidad debido en general a una hiperfagia alta en grasa, que metabólicamente es difícil de contrarrestar y origina, finalmente, un mayor balance energético.
Datos de la composición nutricional de locales donde se expenden productos de comida rápida, indican que la densidad de los menús se aproxima a 1.100 kJ/100 g (260 kcal/100 g); esto representa un 65 % de energía mayor que el promedio de una dieta británica (160 kcal/100 g) y más del doble de la recomendada en una dieta saludable (125 kcal/100 g) e incluso es un 145 % más elevada que la dieta por ejemplo de un país africano como Gambia (107 kcal/100 g). Esta densidad energética de los alimentos se correlaciona con su contenido en grasa, pero no siempre es así. Es decir, cada vez más se están introduciendo alimentos incluidos dentro de la llamada comida rápida cuya densidad energética es baja, ya que utiliza productos bajos en grasa y/o carbohidratos. Es posible que los alimentos densos energéticos socaven los mecanismos de control de la saciedad del organismo y sea incapaz de controlar el peso corporal a medio y largo plazo, conduciendo a obesidad.
Además del mayor consumo de alimentos sólidos, no cabe duda de que el exceso de ingestión de refrescos y bebidas azucaradas, el incremento del tamaño de las raciones junto a una dieta alta en grasa saturada, sal y baja en fibra, contribuye a exagerar más esta condición de dietas altamente energéticas.
Con esta finalidad, se recomienda: a) proporcionar una gama más amplia de alimentos de comida rápida baja en calorías; b) reducir la densidad energética de los menús, disminuyendo su contenido en grasa; c) proporcionar un etiquetado adecuado que informe del contenido nutricional de lo que se va a ingerir; d) evitar raciones grandes, a través de consejos y frenar la manipulación de precios y la presión de venta para que los sujetos se inclinen por un menú de mayores proporciones.

Dra. Pilar Riobó





Al elegir tus alimentos, eliges tu salud

17 11 2009

Uno de los aspectos más importantes de la cultura es la comida. No se trata solamente de cumplir una necesidad fisiológica, sino que, además de proporcionar el alimento necesario para el organismo, el comer se ha convertido en un acto social de gran importancia,  en torno al cual se estructuran las actividades cotidianas y, también, las extraordinarias. Con frecuencia, las celebraciones se realizan alrededor de una buena mesa. La publicidad nos informa de las supuestas bondades nutricionales de uno u otro alimento, y muchas veces no sabemos a qué carta quedarnos.

La alimentación influye en la salud humana ya desde la infancia y adolescencia.  Por ello, es muy importante que los niños adopten formas de alimentación saludables, enseñándoles cómo deben alimentarse y aprendiendo a comer de todo.  La educación alimentaria o educación nutricional, es la base para lograr un estado de nutrición saludable.

Una buena alimentación es indispensable para el crecimiento y la salud del individuo.  Por ejemplo,  es fácil de reconocer por cualquiera  de nosotros el aumento de  la talla media  que se ha producido en España asociado a una mejoría de la alimentación de nuestros escolares. Una  persona bien nutrida (sin déficits ni excesos) tiene más reservas para combatir  ciertas enfermedades. Al contrario, las personas desnutridas, que en nuestra sociedad  suelen ser los enfermos, los indigentes y los ancianos, tienen una especial susceptibilidad a  desarrollar enfermedades, especialmente de tipo infeccioso. Ya lo dice el refrán “a perro flaco, todo son pulgas”.  Las personas bien alimentadas, lo que no significa necesariamente alimentadas en exceso,  tienen un mejor  rendimiento en el trabajo. De igual  forma, se recomienda que  los niños deben desayunar para lograr un buen rendimiento escolar.

Desgraciadamente, los médicos parece que no llegamos a cumplir con nuestro deber de información a la sociedad. En la consulta son múltiples las personas que hacen preguntas sobre la nutrición. No depende de la clase social ni del nivel cultural. Algunas personas vienen a la consulta y me dicen “enséñeme qué debo comer”. Por otra parte, las mujeres somos las transmisoras de la cultura nutricional, ya que influimos directamente en los hábitos alimenticios de nuestros hijos. Si queremos hacer una adecuada prevención de las enfermedades de la nutrición, es prioritario enseñar bien a las madres. Alguna vez he dicho algo que creo profundamente: “el mejor consejo nutricional que una madre puede darle a un hijo es enseñarle a comer con agrado las frutas y verduras”.

Y lo verdaderamente importante es que el estilo de vida y la nutrición es un importante determinante de la salud en los años futuros, a edades más avanzadas y de las enfermedades que vamos a desarrollar. Por ello, se puede decir que al elegir los alimentos, también se está eligiendo, en cierto modo, la salud . Sin embargo, el estilo de vida  y la nutrición de las sociedades avanzadas,  u  “occidentales”,  va cambiando. Y no todos los cambios son positivos.  La falta de actividad física, sobre todo si se une a un consumo  excesivo de energía, aumenta el riesgo de enfermedades crónicas  relacionadas con la nutrición, como por ejemplo, la obesidad, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares , la osteoporosis y determinados tipos de cánceres.

Y me dirán, ¿cual es esa dieta ideal? No existe una única dieta adecuada para conseguir una buena nutrición. Tampoco hay alimentos buenos y malos o completamente prohibidos.  Los patrones de dietas y de hábitos alimentarios varían de una sociedad a otra. En España, debido a la riqueza gastronómica de nuestra nación, varían incluso  de una Comunidad autónoma a otra, y también varía el patrón de alimentación a lo largo de la vida, según van cambiando las necesidades nutricionales  con la edad. La gran abundancia de alimentos en la sociedad industrializada ha hecho que cambien rápidamente los hábitos alimentarios. Además gracias a los modernos medios de transporte, hay un intercambio cultural de alimentos. Alimentos  y  platos que antes se consideraban exóticos, actualmente se consideran “corrientes”.  Además, la incorporación de la mujer al mundo laboral supone la aparición de platos y comidas rápidas y prefabricadas,  junto con  la dificultad para compartir en familia, por razones de horario, los momentos de las comidas.  El alimento natural,  como son los alimentos ecológicos, se ha elevado a la categoría de mito. Los avances científicos hacen variar los conceptos de la alimentación sana. Por ello, para conocer la dieta correcta es necesaria una cierta información nutricional, que les voy a ir exponiendo en este blog.

Dra. Pilar Riobó





La obesidad, epidemia del siglo XXI

17 11 2009

Con la epidemia de obesidad que nos invade, hay la necesidad de encontrar nuevas soluciones  a esta enfermedad que ya se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de la Salud Pública. La OMS la ha definido como “la epidemia del siglo XXI”.  En España la prevalencia global de la obesidad es del 13’4%, siendo más elevada en mujeres que en varones.  La obesidad no es sólo un problema estético, sino que se asocia con la reducción de la esperanza de vida ya que aumenta el riesgo de desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, alteraciones de los lípidos en sangre, cálculos biliares y cáncer de útero. Además, el obeso también tiene problemas psicológicos ya que es rechazado por la sociedad, se siente discriminado, e incluso a veces es discriminado para la obtención de ciertos puestos laborales. La obesidad también empeora nuestra propia imagen corporal, incide de manera negativa en nuestra calidad de vida y en nuestro estado de ánimo, así como en el entorno familiar, social y profesional.

Una de las soluciones que se han buscado, y que se han publicitado en los medios, consiste en disminuir la capacidad del estomago y así favorecer la sensación de saciedad.  Ello se ha intentado lograr con la cirugía de la obesidad, es decir, realizar una operación para eliminar parte del estómago.  Otra opción novedosa es colocar un balón dentro del estómago que produce una sensación constante de saciedad, con la finalidad de que la persona ingiera menos alimentos y con ello consiga adelgazar. El balón desinflado se introduce por la boca y  es guiado mediante un endoscopio hasta el estómago. Una vez allí se rellena el balón con suero  junto con un colorante azul en una cantidad entre 400 a 600 cc que queda retenido dentro del balón gracias a una válvula que impide que se vacíe. La técnica se realiza de manera ambulatoria y con una leve sedación. El balón queda flotando libremente dentro del estómago, e impide la ingesta excesiva de comida.  Durante las primeras semanas son muy frecuentes las náuseas y los vómitos porque el paciente no se adapta a una alimentación adecuada a su nueva situación. Se recomienda que se retire antes de 6 meses para evitar que el ácido gástrico debilite las paredes del balón y puede desinflarse. El balón se retira con una pinza por el mismo procedimiento endoscópico que se colocó.
La perdida de peso dependerá del peso inicial de la persona, oscilando entre 10 a 20 kg de promedio al final de los 6meses, que es eficaz, siempre que se incorpore dentro de un programa coordinado de modificación de la conducta alimentaria y de los hábitos de vida. Si el paciente no ha sido capaz de comprender estos preceptos, con seguridad recuperará parcial o totalmente los kilos perdidos. En general, entre el 30-50 % de los pacientes recuperan su peso perdido en los 6 meses siguientes a la retirada del balón. Al fin y al cabo, si no tenemos un impedimento para comer normalmente, lo habitual es que a largo plazo se recuperen los kilos perdidos. Lo difícil del tratamiento de la obesidad no está en perder peso en pocos meses, sino el mantenimiento a largo plazo. Y en esto, no hay garantías de que un tratamiento con un balón durante 6 meses vaya a servir de mucho a largo plazo. En cualquier caso, la indicación de la colocación de un balón intragástrico debe hacerla un profesional cualificado, experto en obesidad, que evaluará la enfermedad en todo su contexto, las perspectivas reales de éxito, la atención a las posibles complicaciones y el seguimiento ulterior tras la colocación del balón y su retirada.

Esta técnica tampoco está totalmente exenta de complicaciones, que aunque son poco frecuentes, pueden ser muy graves, sobre todo si el balón se desinfla y progresa hacia el intestino con posibilidad de obstrucción intestinal,  que es un cuadro grave que precisa de intervención quirúrgica urgente.

Dra. Pilar Riobó

Jefe Asociado de Endocrinología y Nutrición

Hospital Jiménez Díaz, Madrid





Los alimentos Light

11 11 2009

Yogures desnatados, bio, quesos light,  panes y galletas integrales, pasta con huevo, o con verduras, mayonesas y mermeladas bajas en calorías, caramelos  y chicles sin azúcar,  refrescos light, mayonesa light, patatas light….. Los alimentos “light” se introdujeron en el mercado como una estupenda solución  que permitía gozar plenamente de los placeres gastronómicos sin miedo a engordar. Sin embargo,  la etiqueta de  “dietético” es, en demasiadas ocasiones, simplemente un buen gancho comercial. Muchas personas creen que todos los productos dietéticos sirven para adelgazar y no es así. Es más, hay mucha confusión al respecto.

Actualmente todo supermercado que se precie, todo  hotel o restaurante de una cierta categoría, disponen de una sección de “dietéticos”. Aunque en esta sección se incluyen los  productos bajos en calorías, la mayoría son, simplemente, alimentos elaborados de forma más natural, o  con ciertas modificaciones de algunos de sus componentes, o con fibra (integrales) o para personas con alguna enfermedad: sin gluten para celiacos, sin azúcar para diabéticos, bajos en sodio para los hipertensos, los preparados lácteos a base de  soja para gente con intolerancia a la lactosa…

El pan, galletas, pasta, cereales o magdalenas integrales tienen las mismas calorías que los refinados. Eso sí, el mayor aporte de fibra mejora el tránsito intestinal y mejora el estreñimiento, y quizás aumentan ligeramente la sensación de saciedad, al precisar de un mayor esfuerzo de masticación y digestión, pero eso no significa ni mucho menos que adelgacen.  En algunos productos “sin azúcar”, ésta  se ha sustituido por fructosa, peor eso no quiere decir que tengan menos calorías. La fructosa es el azúcar de la fruta y aporta exactamente las mismas calorías que el azúcar;  además muchos de estos productos contienen grasas, que pueden incluso  incrementar su valor calórico. Otro tipo de hidratos de carbono, como el sorbitol y el xilitol, se emplean en muchas golosinas o chicles “sin azúcar”. Aunque el valor calórico es exactamente el mismo,  tienen una cierta ventaja: no favorecen las caries.

Se denomina alimento“light” o “ligero” aquel producto cuyo  valor energético suponga una reducción de al menos un 30% del producto de referencia. Habitualmente, los alimentos light “verdaderos”  tienen menos calorías porque han sido desgrasados o porque se les ha reducido o quitado una cantidad de azúcares.  Pero hay ciertos productos, que  a pesar de ser realmente light  porque tienen un 30% menos de calorías, siguen siendo calóricos por su propia naturaleza, pues buena parte de sus ingredientes son grasas necesarias para su elaboración, para conferirles su sabor y textura. Ejemplos de esto son la mayonesa light, las patatas fritas light, la mantequilla light o el paté light. A pesar de que  aportan  un 30%  menos de calorías que su homólogo normal, si se quiere adelgazar deben consumirse con mucha moderación, porque siguen siendo muy calóricos.

La cultura de lo “light” puede incluso ser contraproducente.  Mucha gente cree erróneamente, que los productos “light” adelgazan o, a lo sumo, no engordan prácticamente nada, y por esta errónea  creencia los consumen en cantidades excesivas. Creen que pueden comer cantidades ilimitadas de galletas con poca grasa, yogures desnatados y galletas ricas en fibra. Los productos “light” podrían ser eficaces para reducir el sobrepeso, únicamente si se consumiesen en las mismas cantidades que los alimentos habituales equivalentes, circunstancia que generalmente no se da. El resultado de ello es que  frecuentemente se produce incluso un incremento de peso mayor que si hubiesen optado por las versiones habituales de cada producto. .

Pero en ciertos casos, las personas que están a dieta para adelgazar o por  otras razones de salud  pueden  disfrutar de una mayor variedad  gastronómica  y de sabores gracias a los productos light.  Pero para no caer en engaños, es necesario tener una  correcta información sobre las propiedades de estos alimentos, leer adecuadamente la etiqueta nutricional en el supermercado,  e incluir estos alimentos dentro del plan dietético general de la persona. Un importante factor en contra del consumo de alimentos light  es el mayor coste, ya que el precio de la mayoría de estos productos es un 20 ó 30 por ciento más caro que el de las presentaciones originales.

Dtra. Pilar Riobó