Encuentro digital con la Doctora Pilar Riobó

19 11 2009




Factores psicológicos en la obesidad

10 11 2009

 

Aunque la mayoría de la gente obesa, come excesivamente en relación con lo que gasta, a menudo, la causa son problemas psicológicos.  Por lo tanto, para tratar la obesidad no basta con poner una dieta, sino que hay que descubrir cuales son las razones de la ingesta excesiva. En otras palabras, no solo hay que ver lo que se come, sino también por qué se come en exceso. Es más, alrededor de la mitad de las personas que padecen una obesidad importante tienen enfermedades psicológicas o psiquiátricas. Realmente, no  hay una clara separación entre las razones fisiológicas  (hambre) y las emocionales (ansiedad, aburrimiento, tranquilidad o placer…) que nos inducen  a comer.  Por ello, no es útil aquello de: “come sólo cuando tengas hambre”. Es decir,  a veces se produce una falsa sensación de hambre  debido a factores psicológicos. A veces resulta imposible diferenciar entre ésta falsa sensación y el hambre real, y vamos a la nevera a “tomar algo”. El problema es que el picoteo es uno de los problemas más importantes a la hora de bajar de peso.  Cuando uno va a la nevera, no suele coger una manzana, o una zanahoria,  sino lo que apetece es más bien un pedacito de queso con pan, o un bollo, o unas patatas fritas, es decir, suelen ser alimentos que engordan, y que elevan sustancialmente las calorías ingeridas a lo largo del día.

 

Aunque la función principal de la comida es proporcionar energía para vivir, no es la única.  La comida tambien satisface otras necesidades humanas.  Por ejemplo, la comida tambien tiene una función social, de “aglutinación” : el comer hace que la gente se reúna.  Hay otras personas comen por necesidad de apreciación, de prestigio. Les gusta alardear de que han comido una rica comida. Otros buscan un desarrollo personal, a base de probar nuevos platos y dietas. Hay personas que utilizan la comida excesiva para “deslumbrar” a sus invitados. Es un medio de demostrar afecto, o de ofrecer amistad.

Algunas  personas  comen por stress, porque están deprimidos o angustiados, por placer. El comer y la posterior sensación de satisfacción también pueden ser utilizadas inconscientemente para aplacar sentimientos de tensión, tristeza, pena, vergüenza, culpa y soledad. La mayoría de los padres usan este principio cuando emplean dulces o golosinas para consolar a un niño. Desgraciadamente a medida que el niño crece, aprende asociar la comida con la reducción de angustia.

 

Otras personas comen por ansiedad. Notan una sensación de inquietud o irritabilidad, con pensamientos negativos y catastróficos, con un temor irracional por lo que puede suceder, miedo a padecer una enfermedad. Ven “la botella medio vacía”. Además, se une  una sensación de tensión, temblores, palpitaciones,  sudores …  Y la comida se convierte en una especie de fármaco ansiolítico.  Otros acuden a la nevera en busca de una solución a sus problemas. Comen para olvidar. Suelen ser personas inseguras, con una baja autoestima que necesitan la aprobación de los demás.  Otros comen por aburrimiento, para levantar el ánimo, u utilizan  la comida como antidepresivo.  Incluso los hay que comen demasiado para castigarse por sus malas acciones.   Otros comen porque piensan que no están a la altura de la imagen estilizada que se lleva, y esto les desespera y les lleva a hacer todo tipo de dietas irracionales y aberrantes, con las que pierden peso en un principio pero que suelen ser un verdadero fracaso a largo plazo.

Para conocer los sentimientos que le inducen a comer, escriba en un diario todo lo que come y los sentimientos asociados o las situaciones que  han desencadenado el ansia de comer. Si está disgustado o  triste, siéntese, escriba por qué lo está y trate de solucionar el problema sin recurrir a la comida.

Dra. Pilar Riobó