La obesidad, epidemia del siglo XXI

17 11 2009

Con la epidemia de obesidad que nos invade, hay la necesidad de encontrar nuevas soluciones  a esta enfermedad que ya se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de la Salud Pública. La OMS la ha definido como “la epidemia del siglo XXI”.  En España la prevalencia global de la obesidad es del 13’4%, siendo más elevada en mujeres que en varones.  La obesidad no es sólo un problema estético, sino que se asocia con la reducción de la esperanza de vida ya que aumenta el riesgo de desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, alteraciones de los lípidos en sangre, cálculos biliares y cáncer de útero. Además, el obeso también tiene problemas psicológicos ya que es rechazado por la sociedad, se siente discriminado, e incluso a veces es discriminado para la obtención de ciertos puestos laborales. La obesidad también empeora nuestra propia imagen corporal, incide de manera negativa en nuestra calidad de vida y en nuestro estado de ánimo, así como en el entorno familiar, social y profesional.

Una de las soluciones que se han buscado, y que se han publicitado en los medios, consiste en disminuir la capacidad del estomago y así favorecer la sensación de saciedad.  Ello se ha intentado lograr con la cirugía de la obesidad, es decir, realizar una operación para eliminar parte del estómago.  Otra opción novedosa es colocar un balón dentro del estómago que produce una sensación constante de saciedad, con la finalidad de que la persona ingiera menos alimentos y con ello consiga adelgazar. El balón desinflado se introduce por la boca y  es guiado mediante un endoscopio hasta el estómago. Una vez allí se rellena el balón con suero  junto con un colorante azul en una cantidad entre 400 a 600 cc que queda retenido dentro del balón gracias a una válvula que impide que se vacíe. La técnica se realiza de manera ambulatoria y con una leve sedación. El balón queda flotando libremente dentro del estómago, e impide la ingesta excesiva de comida.  Durante las primeras semanas son muy frecuentes las náuseas y los vómitos porque el paciente no se adapta a una alimentación adecuada a su nueva situación. Se recomienda que se retire antes de 6 meses para evitar que el ácido gástrico debilite las paredes del balón y puede desinflarse. El balón se retira con una pinza por el mismo procedimiento endoscópico que se colocó.
La perdida de peso dependerá del peso inicial de la persona, oscilando entre 10 a 20 kg de promedio al final de los 6meses, que es eficaz, siempre que se incorpore dentro de un programa coordinado de modificación de la conducta alimentaria y de los hábitos de vida. Si el paciente no ha sido capaz de comprender estos preceptos, con seguridad recuperará parcial o totalmente los kilos perdidos. En general, entre el 30-50 % de los pacientes recuperan su peso perdido en los 6 meses siguientes a la retirada del balón. Al fin y al cabo, si no tenemos un impedimento para comer normalmente, lo habitual es que a largo plazo se recuperen los kilos perdidos. Lo difícil del tratamiento de la obesidad no está en perder peso en pocos meses, sino el mantenimiento a largo plazo. Y en esto, no hay garantías de que un tratamiento con un balón durante 6 meses vaya a servir de mucho a largo plazo. En cualquier caso, la indicación de la colocación de un balón intragástrico debe hacerla un profesional cualificado, experto en obesidad, que evaluará la enfermedad en todo su contexto, las perspectivas reales de éxito, la atención a las posibles complicaciones y el seguimiento ulterior tras la colocación del balón y su retirada.

Esta técnica tampoco está totalmente exenta de complicaciones, que aunque son poco frecuentes, pueden ser muy graves, sobre todo si el balón se desinfla y progresa hacia el intestino con posibilidad de obstrucción intestinal,  que es un cuadro grave que precisa de intervención quirúrgica urgente.

Dra. Pilar Riobó

Jefe Asociado de Endocrinología y Nutrición

Hospital Jiménez Díaz, Madrid





Factores psicológicos en la obesidad

10 11 2009

 

Aunque la mayoría de la gente obesa, come excesivamente en relación con lo que gasta, a menudo, la causa son problemas psicológicos.  Por lo tanto, para tratar la obesidad no basta con poner una dieta, sino que hay que descubrir cuales son las razones de la ingesta excesiva. En otras palabras, no solo hay que ver lo que se come, sino también por qué se come en exceso. Es más, alrededor de la mitad de las personas que padecen una obesidad importante tienen enfermedades psicológicas o psiquiátricas. Realmente, no  hay una clara separación entre las razones fisiológicas  (hambre) y las emocionales (ansiedad, aburrimiento, tranquilidad o placer…) que nos inducen  a comer.  Por ello, no es útil aquello de: “come sólo cuando tengas hambre”. Es decir,  a veces se produce una falsa sensación de hambre  debido a factores psicológicos. A veces resulta imposible diferenciar entre ésta falsa sensación y el hambre real, y vamos a la nevera a “tomar algo”. El problema es que el picoteo es uno de los problemas más importantes a la hora de bajar de peso.  Cuando uno va a la nevera, no suele coger una manzana, o una zanahoria,  sino lo que apetece es más bien un pedacito de queso con pan, o un bollo, o unas patatas fritas, es decir, suelen ser alimentos que engordan, y que elevan sustancialmente las calorías ingeridas a lo largo del día.

 

Aunque la función principal de la comida es proporcionar energía para vivir, no es la única.  La comida tambien satisface otras necesidades humanas.  Por ejemplo, la comida tambien tiene una función social, de “aglutinación” : el comer hace que la gente se reúna.  Hay otras personas comen por necesidad de apreciación, de prestigio. Les gusta alardear de que han comido una rica comida. Otros buscan un desarrollo personal, a base de probar nuevos platos y dietas. Hay personas que utilizan la comida excesiva para “deslumbrar” a sus invitados. Es un medio de demostrar afecto, o de ofrecer amistad.

Algunas  personas  comen por stress, porque están deprimidos o angustiados, por placer. El comer y la posterior sensación de satisfacción también pueden ser utilizadas inconscientemente para aplacar sentimientos de tensión, tristeza, pena, vergüenza, culpa y soledad. La mayoría de los padres usan este principio cuando emplean dulces o golosinas para consolar a un niño. Desgraciadamente a medida que el niño crece, aprende asociar la comida con la reducción de angustia.

 

Otras personas comen por ansiedad. Notan una sensación de inquietud o irritabilidad, con pensamientos negativos y catastróficos, con un temor irracional por lo que puede suceder, miedo a padecer una enfermedad. Ven “la botella medio vacía”. Además, se une  una sensación de tensión, temblores, palpitaciones,  sudores …  Y la comida se convierte en una especie de fármaco ansiolítico.  Otros acuden a la nevera en busca de una solución a sus problemas. Comen para olvidar. Suelen ser personas inseguras, con una baja autoestima que necesitan la aprobación de los demás.  Otros comen por aburrimiento, para levantar el ánimo, u utilizan  la comida como antidepresivo.  Incluso los hay que comen demasiado para castigarse por sus malas acciones.   Otros comen porque piensan que no están a la altura de la imagen estilizada que se lleva, y esto les desespera y les lleva a hacer todo tipo de dietas irracionales y aberrantes, con las que pierden peso en un principio pero que suelen ser un verdadero fracaso a largo plazo.

Para conocer los sentimientos que le inducen a comer, escriba en un diario todo lo que come y los sentimientos asociados o las situaciones que  han desencadenado el ansia de comer. Si está disgustado o  triste, siéntese, escriba por qué lo está y trate de solucionar el problema sin recurrir a la comida.

Dra. Pilar Riobó